--Ha trascendido la preocupación
de algunos sectores del Frente de integrar una suerte de "grupo
vigilante", en un sentido de control de todo lo que proviene del
Poder Ejecutivo. Si bien nadie lo ha dicho expresamente, en la opinión pública
existe la certeza de que ese control o vigilancia tendría como objeto,
sobre todo, al Ministerio de Economía.
--No quiero ser grosera, pero lo veo como un teleteatro del verano. La
montaña va a parir un ratón. Es obvio que nosotros integramos un frente,
lo sabemos desde 1971. Ahí nos juntamos gente de las más diferentes raíces
o vertientes. Y seguimos siendo un frente en el que no ocultamos nuestras
diferencias. Eso es bueno. Pero también hay muchas cosas en común, que
son las que tenemos que llevar adelante. Ahora, a esa historia del Frente
Amplio guardián, o del Frente contra esto o lo otro, hay que sacarle la
visión apocalíptica que hay en algunos ámbitos y que tal vez esté
alimentada por algunos sectores con ese interés, pero que también se
alimenta por la transmisión de una versión que luego se toma como la
verdad revelada. Pongo un ejemplo: el otro día estábamos frente a la
sede del Frente Amplio, a la espera de que pasara el cortejo del Pepe D'Elía;
nos pusimos a conversar con un compañero de otro sector, no importa quién,
y me dice: "Ta', tengo la posta, sé que hubo una reunión a la que
ustedes fueron y ya decidieron llevar adelante tal cosa y eso se va a
arreglar de tal manera". Mi asombro y el de mis compañeros fue
total: esta versión nos llegaba colocándonos como protagonistas de algo
que no había ocurrido. Le pedí a ese compañero, en buenos términos,
"si te venden carne podrida no la comas", y ese compañero me
llamó dos horas después para pedirme disculpas, porque había comprobado
la falsedad de la versión. Hay veces en que se generan cosas insólitas y
hace muy bien el Pepe Mujica cuando sale, baja la pelota, explica las
situaciones...
--Una suerte de ataja penales...
--Bueno, él ha adquirido un protagonismo natural y los medios lo utilizan
y está bien. Es un hombre conciliador. Nadie le va a discutir ese rol.
Pero hablando desde mi sector político, Asamblea Uruguay, como creo que
podría hacerlo desde otros muchos sectores del Frente, estamos tratando
de cumplir con la responsabilidad que la ciudadanía nos asignó. No es la
de pelearnos en la Mesa Política o generar hechos donde no los hay. La
responsabilidad es mucho mayor: es acolchonar la gobernabilidad del Frente
Amplio. Y cuando digo esto no hablo de obsecuencia con todo lo que viene,
pero sí de diferenciar los roles. Una fuerza política que llega al
gobierno por primera vez, tiene que hacer su experiencia no como opositora
sino perdiendo los reflejos opositores, y construir política en función
de la realidad. Y la realidad es que el pueblo nos quiso en el gobierno.
Desde Asamblea Uruguay, en lo personal y como representante del sector,
quiero decir que el gobierno es el gobierno. Un ministerio no es el
gobierno; para nosotros, todos los ministros son del Frente Amplio. Por
ejemplo, no me gusta que cuando hay una interpelación, un sector, que
siente que están interpelando a su ministro, pinte carteles diciendo
"los ministros de tal sector son la garantía del cambio". Los
ministros del Frente, aquellos por los cuales yo trabajé, son todos míos,
es todo el gobierno. Asamblea Uruguay ha estado siempre detrás de todos
los ministros, tratando de apuntalar, de ayudar, de acompañar. Los hechos
lo demuestran. Nunca se nos ocurrió pensar "este ministro de tal
sector o de tal otro".
--Está bien, eso se entiende...
--No, no todos lo entienden...
--Quiero decir que eso que usted
dice puede advertirse como un dato de la realidad. Pero me parece que el
desajuste está dado entre la mecánica del gobierno, que tiene unos
tiempos y unos ritmos determinados, y la de la fuerza política, que son
otros. Y la preocupación de la que comenzamos hablando se habría
exacerbado, quizás, a raíz de algunos episodios concretos. Por ejemplo,
la firma del Tifa. Alguna gente sostuvo que el documento había llegado
demasiado tarde a la Mesa Política.
--El tema del Tifa es un tema del gobierno. El propio Presidente de la República,
no el presidente de los frenteamplistas, lo anunció públicamente a la
ciudadanía toda, creo que en octubre. Dijo que, en función de los
tiempos, se había optado por esa fórmula y en ese marco se iba a
trabajar. También en octubre, el presidente del Frente Amplio, Jorge
Brovetto, informó a la Mesa Política sobre el Tifa exhaustivamente. Yo
tengo el acta oficial de ese día, en la cual, a pesar de ser un acta
resolutiva, se transcribe lo dicho por el compañero Brovetto. No hubo
preguntas y se dijo que, en función de los temas que iban a estar encima
de la mesa --que no quiere decir negociarlos sino ponerlos sobre la mesa--,
se incorporaría a la comisión interministerial que trabaja el acuerdo al
Ministerio de Salud Pública, por el tema compras del Estado, y al
Ministerio de Educación y Cultura, por el tema de la propiedad
intelectual. O sea, la fuerza política tenía conocimiento. Yo creo que
en el Frente Amplio tenemos que trabajar para terminar de entender que la
fuerza política tiene un rol y el gobierno otro, a pesar de los preciosos
documentos que escribimos pero que después no sabemos interpretar. Yo
estoy de acuerdo con que la fuerza política marque el rumbo, fije el
programa y avance en él, pero los instrumentos para llevarlo adelante, la
táctica, le corresponden al gobierno. Esto no quiere decir que cada vez
que se necesite una información los ministros no estén dispuestos a
concurrir, porque lo han hecho siempre. Es más, en esa misma acta de
octubre, se da cuenta de la presencia de Nelson Fernández, un compañero
de la Cancillería que vino, a pedido de la Mesa, a hablar del Mercosur y
de la inserción internacional. Después llegó el receso. Y ahora están
llamando al canciller para que hable del mismo tema y explique lo mismo
que ya hizo Fernández. Entonces, si tenemos memoria corta...
--Está bien diputada, pero ¿no
será que hay alguna diferencia conceptual en algunos grupos del Frente,
que hace que no coincidan con ese enfoque unificador que usted plantea? De
otro modo, no se entiende.
--Creo que hay un problema de comunicación. La comunicación entre la
fuerza política y el gobierno es un tema que hay que seguirlo trabajando
para que mejore. Pero también es cierto que hay una comunicación de
arriba hacia abajo, en la estructura del Frente, que es una estructura
pesada, que también debe ser aceitada y mejorada. Porque si el Frente está
en receso, y las coordinadoras y los comités no funcionan y aunque
todos sabemos que ha mermado la militancia eso es una realidad de este
mundo, que se comunica de otro modo más atractivo y no a través de
reuniones eternas en un local-- tendremos que buscar la forma de que la
información llegue más sustantivamente. Pero también tenemos que
jerarquizar la información que recibimos. Las actas de la Mesa Política
son actas de la fuerza política y los integrantes de ésta debieran
conocerlas. Hay que ajustar y también hay que buscar qué tarea tenemos
como militantes de base ahora, porque no siempre la militancia tiene que
ser cara agria, protesta por todo lo que sucede...
-- Una militancia de oposición...
--Claro, y a mí me gustaría, por ejemplo, que cuando interpelen a
nuestros ministros estén en las barras los compañeros frenteamplistas,
generando un apoyo de presencia. Sin embargo, las barras siempre están
vacías. Entonces, ¿quién genera esa eventual brecha que se dice que
existe? A mí me hace sentir mal esa soledad en la que a veces quedamos
los legisladores, cuando estamos defendiendo posiciones de principios de
nuestra fuerza política. Tenemos que ver a la fuerza política no como
segmentos separados, que no se intercomunican, que no se casan entre sí,
sino como algo en lo que todos coadyuvan para alcanzar el objetivo. Pero
difícil va a ser si no tenemos la cabeza abierta a que, en todos los
actos de la vida, la negociación es fundamental. ¿O usted no tiene que
negociar hasta con sus hijos, permanentemente? Pero hay que identificar el
objetivo por el cual tenemos diferencias, o el objetivo por el cual
queremos acordar. Si no hay un esfuerzo de acercamiento, si no hay
negociación, de nada vale que haya un objetivo común. Y digo "negociación"
en el sentido de arrimar partes, no en otra acepción. Es fundamental
salir de las posiciones sectoriales y buscar el objetivo común. Eso todavía
falta en la fuerza política...
--Muy bien, pero usted no puede
ignorar que dentro de esas fricciones, llamémosle de actualidad, hay como
subterráneamente o por lo menos la gente lo percibe así-- una especie
de lucha por el poder. Y algunos hacen una lectura a lo mejor
simplificadora: una expresión de poder, inserta en el gobierno, que es el
ministro Astori, y por otro lado, expresiones de poder que se dan en la
fuerza política. ¿La chispa surge porque algunos dicen que Astori tiene
una rapidez de ejecución, por su pragmatismo, que se lleva por delante el
ritmo más moroso que se quiere tener en la fuerza política para analizar
cada cuestión? Y algo más, como otro ejemplo: ¿incide que para Astori
el TLC con Estados Unidos no sea algo malo sino hasta deseable, mientras
que para otros es algo demoníaco?
--Si bien es cierto que un verano, creo que el pasado, el ministro Astori
planteó en un reportaje el tema de un eventual TLC, Tabaré Vázquez,
antes, me parece que en octubre de ese año y en el mismo semanario, había
hecho también una mención. ¿Quiénes fueron el 4 de mayo a Estados
Unidos? El Presidente de la República y un grupo de integrantes del
gobierno. Quien habló en Punta Cala fue el Presidente, y dijo muchas
cosas ahí. Dijo que los temas comerciales no pueden discutirse desde la
ideología. Vietnam no tendría un TLC con Estados Unidos si lo hubiese
discutido ideológicamente. Pero Vázquez también dijo: "nosotros no
tenemos vocación de sigla". ¿Qué quiso decir? Pues algo así:
despojémonos de nuestros prejuicios y no le tengamos miedo a una sigla.
Analicemos qué hay adentro de eso. Si nos conviene, lo haremos; y si no
nos conviene, no lo haremos. Pero eso mismo lo dice el ministro Astori. ¿O
a alguien se le ocurre pensar que Astori quiere perjudicar al país en las
compras del Estado, por ejemplo? ¿Alguien cree que un connotado
frenteamplista de toda la vida, que hoy trabaja con pragmatismo y que dice
constantemente "yo estoy concentrado en la tarea y objetivos del
gobierno", piensa en otra cosa que en el bien del país? Esos
objetivos de gobierno son los que nos van a permitir avanzar en las políticas
sociales. ¿Qué hubiera pasado si no hubiésemos podido poner en práctica
el Plan de Emergencia, que dijimos que no se negociaba? ¿Qué es, sino
trabajar para el país productivo, generar condiciones económicas para
llevar adelante al Uruguay? Porque país productivo no es sólo plantar y
cosechar más, o tener más vacas o más gente en el campo, sino crear la
infraestructura para hacer eso y mucho más. ¿No es apostar al país
productivo tener una Rendición de Cuentas que da fondos para la nueva
fibra óptica de Antel, o que considera la posibilidad del dragado del
puerto de Montevideo para poder competir con Rio Grande do Sul? ¿No es
trabajar para el país productivo recuperar una red de vías para ampliar
y mejorar el transporte de cargas? Todo eso es del gobierno, no del
ministro Astori. Y todo eso tiene que ir interconectándose. Ahora el
Presidente le ha pedido a cada ministerio cinco medidas para ir avanzando
en el país productivo. También se tendrán que interconectar. Economía
está generando las posibilidades de llevar todo eso a la práctica. Por
ejemplo, si no hubiéramos vendido el Banco Comercial tal como se vendió
no se hubiese dispuesto del dinero para apoyar al país productivo. Y si
no hubiéramos saneado nuestra macroeconomía, tampoco. La economía es
una globalidad.
--Tomando el desarrollo de ese
razonamiento y sus referencias a la Rendición de Cuentas--, hay un
proyecto que fue aprobado tras un trabajoso proceso de discusión: la
reforma tributaria. Tal vez por su complejidad, la gente, digo en general,
parece tener dudas o temores. ¿Usted cree que esta reforma es, realmente,
un punto de inflexión para el gobierno que puede tener repercusiones
incluso electorales? O sea, ¿la ve como un riesgo?
--Todo cambio genera temores. Y un cambio que tiene que ver con el
bolsillo de la gente genera más temores. Como la reforma tributaria es
muy técnica, es de difícil comprensión y ha causado las más diversas
opiniones a nivel general. No es sencillo. Fíjese: desde apreciaciones de
legisladores de la oposición, hasta algún integrante del Frente Amplio
que tiene una radio, usted verá que, a veces, se juntan los argumentos.
En la interpelación al ministro Astori sobre este tema se pudo demostrar
que la realidad es dinámica, y que si no hacemos un estudio permanente de
ella estamos casi en la seguridad de equivocarnos. La reforma fue
discutida, fue explicada a la población y se empezará a aplicar a partir
de julio. Y además, como el ministro Astori no es soberbio...
--Se lo han dicho...
--Bueno, a veces se lo dicen, pero lo que pasa es que Astori, además de
pragmático, tiene claro el rumbo hacia donde vamos y los instrumentos que
se necesitan. Tal vez esa solvencia sea interpretada como soberbia. Ah, yo
quiero un ministro solvente. No sólo a Astori, a todos los ministros.
Volviendo a la reforma, hay que advertir que estamos generando un cambio
histórico en el país. ¿Cómo no lo vamos a hacer entre todos? Así lo
hemos hecho, debatiendo, mirando los pro y los contra, las dificultades de
aplicación... Y se logró una reforma que, yo no tengo dudas, no le creará
dificultades sino beneficios al ochenta por ciento de los uruguayos. Es un
sistema tributario que se dirige hacia la equidad.
--¿Usted admite que, de todos
modos, su aplicación puede implicar hacia el futuro una cierta
flexibilidad? Se lo digo de otra forma: la senadora Percovich me dijo de
su convencimiento de que el gobierno hará, más adelante, una segunda
reforma tributaria.
--Claro que sí. Lo dijo el propio Astori. Ésta es una etapa de un cambio
radical. Se eliminan impuestos, se implanta un sistema diferente, dual.
Hay que verlo en su globalidad y obviamente que, para avanzar, habrá que
hacer correcciones. Por ejemplo, la idea de bajar el IVA, que supone irlo
haciendo a medida que se pueda. Pero además esta reforma tiene que ver
con cómo están gestionándose el BPS y la DGI, o sea con cómo está
recaudando ahora el país. Se está haciendo lo que hay que hacer y que
históricamente no se hizo.
--¿El tema del Mercosur ha
separado a Astori de otros sectores del Frente? Él ha sido muy crítico
con el bloque regional.
--Me remito a la impecable exposición que hizo Astori en oportunidad de
la interpelación que se le hizo a él y al canciller Gargano, y en la
cual no hubo disidencias. Astori planteó una cosa que comparto: hay
dificultades en el Mercosur, todos lo reconocen, primero que nadie el
presidente Vázquez. Todos se dan cuenta de que aquella apuesta a la región
a la que algunos sectores del Frente se opusieron en su momento-- hoy
sigue vigente, pero también se pretende que vuelva a su espíritu
original. Y no que el Mercosur termine desvirtuándose y que ni siquiera
sea una unión aduanera. Astori fue clarísimo. Ahora, ¿qué hacemos? ¿Barremos
debajo de la alfombra esas dificultades que existen o las ponemos encima
de la mesa? Hay que avanzar en el Mercosur, instando a que mejore, pero
además hay que intentar lo dice el propio Mujica-- abrir nuestras
relaciones comerciales a la región y también al mundo. No es tan
complicado. ¿Por qué no aprovechar esta propuesta de Bachellet? Chile
tiene tratados comerciales con los países asiáticos y Uruguay podría
colaborar, aumentando la cuota de intercambio, de modo que, indirectamente,
ampliaría sus propios mercados. Y quiero decir que Astori, cuando la
interpelación, estaba con el programa del Frente al lado, como hacen
todos los integrantes del gabinete. Pero ojo: el programa se defiende y se
lleva a la práctica en todas las áreas. Llevo este tema a un ejemplo
concreto: en la página 51 del libro del Congreso "Héctor Rodríguez"
se habla de la búsqueda de la verdad, en la política de derechos humanos,
en el marco de la aplicación del artículo 4º de la Ley de Caducidad. Lo
dice el programa del Frente Amplio.
Sin embargo, desde propios sectores del Frente, que continuamente hablan
del programa y los compromisos que implica el programa, han pintado muros
pidiendo la anulación de la Ley de Caducidad.
A Asamblea Uruguay no la van a encontrar en esa posición, porque nos
parece que eso no construye. Debatir el programa es otra cosa. Debatamos
todo. Pero tengamos un mismo criterio para todos los temas y no generemos
situaciones absurdas, cuando los propios muros están pidiendo contravenir
lo que laudó un congreso. *