Bajamos en las encuestas

Por Esteban Valenti (*)

Uno de los temas centrales de la agenda política e informativa de la última semana fue la reducción del apoyo a la gestión del gobierno en dos encuestas, Equipos & Mori y CIFRA. Cuando un gobierno ha mantenido durante la mitad de su mandato un nivel de apoyo ciudadano superior a su propia votación es natural que una caída en los guarismos sea un tema importante. Para Tirios y Troyanos.

"Construir el futuro, tal es nuestra vocación y nuestro deber. No debemos engañarnos afirmando que se trata de una tarea fácil.

En cada encrucijada histórica siempre están los que optan por el mal menor, por la seguridad mediocre, por el camino del medio que no lleva a ningún lado.

Pero también están presentes quienes no se resignan a sufrir la historia.  son los que convierten en posible lo imposible, son los que logran demostrar que, en ciertas circunstancias, resignarse equivale a traicionar"
 
GRAL. LÍBER SEREGNI
Palacio Peñarol - Setiembre 1971

Por Esteban Valenti (*)

Uno de los temas centrales de la agenda política e informativa de la última semana fue la reducción del apoyo a la gestión del gobierno en dos encuestas, Equipos & Mori y CIFRA. Cuando un gobierno ha mantenido durante la mitad de su mandato un nivel de apoyo ciudadano superior a su propia votación es natural que una caída en los guarismos sea un tema importante. Para Tirios y Troyanos. 

Sería bueno que esta encuesta nos sacudiera la modorra a unos cuantos, la irresponsabilidad y el lavamanos a otros y a todos nos pusiera más claramente ante nuestras responsabilidades. A la oposición, la va a animar y endurecer.

A las encuestas serias hay que atenderlas y darle importancia en las buenas, en las malas o en las peores. Son un instrumento de trabajo y análisis de la realidad social y política. No son una verdad sacrosanta, requieren interpretación de las causas y de la propia dinámica, pero deben valorarse atentamente.

En ambos casos no se trata de un desplome, de una caída abrupta, en la mitad del mandato este es el gobierno que tiene los más altos niveles de aprobación de todos los electos desde la caída de la dictadura. En un caso la aprobación es del 40% y en el otro del 46%, lo importante es analizar la tendencia. Y naturalmente, preguntarnos sobre las causas.

¿Esta tendencia es inexorable? Es una pregunta que surge natural a partir de los que  insisten en la ''luna de miel'' del gobierno con la gente. Si se tratara de una luna de miel de casi 30 meses, sería un record para el Guinness. Yo creo que es una tendencia perfectamente reversible. Durante el primer gobierno municipal de Montevideo del Dr. Vázquez también hubo una importante caída a la mitad del mandato y sin embargo en las elecciones posteriores pasamos del 34% de la elección de 1989 al 42% en la elección municipal de 1994. Pero la inversión no depende de ninguna ley natural, de ninguna casualidad o fatalidad. Depende del gobierno y de nosotros.

¿Bajamos por la dura acción de la oposición? No hay duda que 30 meses hablando mal de todo y en todo momento alguna influencia debe tener en la opinión pública, pero no creo que ése sea el elemento determinante. Es cierto que la prédica permanente de la oposición y la creciente capacidad de imponer la agenda del debate político hay que considerarla. Aunque todo es mucho más complejo.

El 59% de apoyo anterior, el 40 y pico actual y la posibilidad de revertir y volver a crecer depende de nosotros, nadie más que de nosotros. ¿Quiénes somos nosotros? En primer lugar el gobierno, sus acciones, su diálogo con la gente y también el Frente Amplio, sus parlamentarios, sus dirigentes, sus estructuras y además, nosotros los frenteamplistas de a pie. Naturalmente, en proporciones diferentes.

Hay una constancia que no podemos cambiar, pero que debemos tener muy en cuenta: el fuego graneado de la oposición, que se pondrá particularmente duro ahora con estos datos políticos en la mano. Se entusiasmarán. Lo primero que debemos recordar los izquierdistas y los progresistas es que del otro lado no está el vacío, la inocencia y el candor, están los blancos y los colorados cinchando para volver al poder. Con toda su pasión y fuerza. La alternativa es una retroceso de décadas, es la reconstrucción de un modelo y de una práctica política, con mayor ferocidad que antes.

Así funciona la democracia, es lo natural y correcto, pero también así funciona la lucha política y la confrontación de proyectos y de objetivos y para opinar y para actuar hay que elegir bien el punto de referencia. Yo no soy un comentarista, un analista imparcial y no me oculto, lo que digo es para favorecer a la izquierda y a su gobierno.

La otra componente corresponde a los medios, los medios principales de información, los que en su gran mayoría son opositores del gobierno, claros y definidos. No hay que ser un lince, basta atender con un mínimo de sentido político la sistemática acción de los grandes medios, cómo tratan la agenda y cómo la tratarán a partir de este cambio en los niveles de apoyo. También así funciona la democracia, pero no por ello debemos hacer un concurso nacional de chuparse el dedo. Cada uno que atienda su juego.

¿Las causas de la baja en la popularidad es responsabilidad de los medios? No. Son los mismos medios que actuaron y operaron en tiempos del 59% de apoyo. Somos nosotros, incluyendo nuestra actitud ante los medios, nuestra timidez y en algunos casos nuestra candidez.

Han cambiado las tareas.

Debemos considerar  que pasamos de la etapa del ''emprolijamiento'' nacional, de la emergencia social a la etapa de los cambios estructurales. Reforma fiscal, de la salud, del Estado y otras. ¿Entonces la culpa es de la reformas? No, tampoco.

La primera causa de un cambio de este tipo en la opinión pública en el Uruguay y en la inmensa mayoría de los países del mundo es económica, es la realidad o la percepción sobre la economía. Las encuestas son claras en este sentido. La caída corresponde a un conjunto de factores reales o de sensación térmica de la sociedad sobre la economía nacional, individual y familiar de los uruguayos.

Es esa combinación de inflación, impuestos, salarios que no crecen a los ritmos esperados y la percepción de que se hizo más lento o se frenó el impacto social, las mejoras en los ingresos y el bienestar de una parte importante de la sociedad. A ello debe agregarse que se alejaron en el tiempo y en la memoria los momentos más trágicos de la crisis. El crecimiento, la mejoría de los indicadores económicos y sociales se integraron al bosque, a la normalidad.

A pesar de que la economía sigue mostrando un gran dinamismo, reconocido por todos los analistas económicos, los que están obligados a emitir opiniones realmente profesionales porque viven de ello confirman la confianza en la economía y en la política económica del país. En enero-agosto de este año las importaciones de bienes de consumo subieron 24% en relación al año pasado, las compras de bienes intermedios aumentaron casi 16% y las de bienes de capital subieron 23%. Para tomar un solo ejemplo no muy utilizado. Hemos alcanzado un record histórico, como en las exportaciones y la inversión. Y nos corren con ponchitos.

Hay si un factor ''irritante'', una chispa: los nuevos impuestos. A pesar de que se comprueba que la mayoría de los asalariados y de los jubilados pagan menos o igual que antes, hay un sector muy consistente que genera opinión pública que milita contra la reforma. Y nuestra comunicación sobre la reforma fue mala. No alcanza con un ministro y su equipo que la explica y la defiende, para afrontar un cambio de estas dimensiones, hace falta nuestra militancia, la capacidad y la necesidad de explicarla, de defenderla, de jugarse por el cambio. La mayoría de la izquierda la balconea y algunos sectorcitos la atacan directamente. Y para colmo la publicidad de la reforma fue pésima, realmente mal encarada desde el punto de vista de una visión del Estado y de los ciudadanos. No dio a tiempo respuesta a ninguna de las interrogantes y acusaciones contra la reforma. Es la combinación de estos factores lo que explica una parte importante de la situación.

Hay que considerar un elemento de fondo: si antes criticamos duramente los integralismos en materia económica, ahora debemos ser coherentes. Pasado un tiempo prudencial -pero no eterno-, debemos hacer las correcciones que correspondan, en la ley fiscal y en otras áreas. No por la opinión pública, sino por un buen gobierno, sensible y flexible, que sabe donde va y por ello es capaz de timonear cada movimiento con buena mano.

Hay otros elementos: la dificultad que tenemos de mantener los temas principales de la acción del gobierno en la agenda pública. Desde la oposición nos picotean todos los días con episodios menores y desde todos los ángulos. Y los atendemos y les respondemos sin iniciativas y muchas veces sin definir claramente las prioridades.

Se transforman en tema central las declaraciones de un asesor de un ente, en el mismo momento en que culmina una gira presidencial cuyos resultados tienen que ver con cosas muy importantes para la vida de los uruguayos: inversiones y trabajo, negociaciones políticas que refuerzan la integración regional e internacional (trabajo y  calidad), avances en el conflicto con Argentina. Así de absurdo.

Grandes emprendimientos, esfuerzos, logros y avances de la situación en muchos frentes no son difundidos, informados a la gente. No como campaña política, sino como parte de la obligación del Estado de brindar a la gente el más amplio menú de informaciones. No hay proporción entre lo que hace nuestro gobierno y lo que nosotros mismos sus partidarios y defensores sabemos y conocemos. El resto de los ciudadanos está en peores condiciones informativas.

Tenemos tres carencias básicas:

Primero, no estamos elaborando, promoviendo y discutiendo sobre el horizonte nacional, sobre el proyecto, sobre los nuevos impulsos del cambio. Y una izquierda que administra, es una izquierda pobre y en repliegue. Esta es una responsabilidad de la fuerza política. ¿Cuánto hace que no promovemos debates serios y profundos sobre grandes temas de futuro? De futuro concreto, inmediato, nacional e internacional.

Segundo, no logramos darle continuidad a la información de grandes realizaciones económicas, sociales, energéticas, de telecomunicaciones, de infraestructura, en el campo, en las inversiones, la innovación, la salud, la educación, etc., etc. Y somos lentos en analizar insuficiencias y debilidades y discutirlas con la gente. La cantidad de cosas que se hacen y se cambian es impresionante - y eso es lo que más irrita a la oposición - pero nosotros no las incorporamos al debate y a la batalla política. Se burocratizan, en las estructuras del Estado.

Y tercero, discutimos desde la defensiva, hemos dejado que la oposición bloquee el tema del pasado. Es pecado mortal recordarle el país que fundieron, o por ejemplo los excelentes momentos internacionales para el Uruguay que dilapidaron en una torre faraónica de las telecomunicaciones o en un déficit fiscal monstruoso en 1999 ¿Lo recuerdan? Y algunas cositas más en todos los frentes. ¿Quién se atreve a hablar de eso? Es de mal gusto.

Y aquí entramos en un tema crucial: la militancia, el compromiso, la actitud dominante en los frenteamplistas. Estamos desmovilizados, desmotivados, con un alto grado de insensibilidad y muy bajos de entusiasmo. Y se ve, se nota y se oye.

Una tarea principal es del Frente Amplio, de sus partidos, de sus parlamentarios, de sus estructuras que no corresponden en absoluto al momento político que vivimos y a lo que está en juego. No se trata de criticar para sacarnos las ganas, sino de asumir que estamos jugándonos la continuidad del cambio. La relación entre participación y cambio está muy, pero muy débil.

Esta compleja relación con los compañeros que ocupan cargos en el gobierno nacional o en las intendencias debemos analizarlo a fondo. De los dos lados del mostrador. Hay algo de la lejanía que produce el poder y debemos atenderlo a tiempo y, hay también una zona de envidia, de distanciamiento entre los que nos quedamos en el llano, o en el Frente, en el parlamento y en las juntas departamentales, que no terminamos de asumir la nueva situación. Pero hay que elegir una prioridad, y lo primero es que los gobernantes se acerquen a la gente, en primer lugar a su propia gente. De allí vienen y a ellos se deben.

¿Hay algún peligro de que la izquierda uruguaya sea seguidista, acrítica, conformista? 30 meses luego de asumir el gobierno nacional  no hay un solo síntoma de ese tipo, al contrario. Los despiadados, los que viven tiroteando al gobierno sin asumir muchas responsabilidades deben saber a qué nos estamos exponiendo. El que se lave las manos de este proceso, tendrá mucho para llorar en el futuro. Pero mucho más sufrirá el futuro del país.


El presidente otra vez al frente

Cuando había terminado de escribir este artículo se informa de la iniciativa del presidente de la república de ponerse al hombro nuevamente la comunicación, el diálogo, la información a la ciudadanía. Es un gesto más, una actitud más de sensibilidad y de compromiso político con los cambios. Vázquez, que no quiere ser reelecto, asume que el cambio necesita nuevos impulsos ciudadanos y sale a recorrer el país. ¿Y los demás?

¿Y todos los demás dirigentes, militantes, parlamentarios o dispersos ciudadanos que nos hemos jugado por el cambio? ¿Qué haremos? ¿Esperaremos que nos visite a domicilio o nos moveremos?

¿Y los feroces, los que han hecho de la crítica y de la defensa de su chacra, de su corporación, de su sector, de su grupo político su prioridad absoluta, valorarán lo que está en juego? ¿O luego enjugarán sus lágrimas y sus lamentos en las mangas de una derrota? Eso sí, atribuyéndola naturalmente a otros.

Esta iniciativa del presidente tiene cosas muy positivas, porque Vázquez tiene una gran capacidad de transmitir, de informar, pero sobre todo de escuchar a la gente. Lo demostró siempre en sus giras y en sus actividades como presidente. Tiene algo preocupante, la izquierda no puede seguir dependiente en este grado, de las iniciativas de Vázquez, debe asumir en su conjunto la realidad. Y me juego una previsión: uno de los principales reclamos que recibirá Vázquez es que se presente a la reelección. Hace pocos días estuve en Paysandú, sé de lo que hablo.

No se trata de hacerle coro al presidente, ni sirve, ni lo necesita. Se trata de tomar la iniciativa, de asumir riesgos, de jugarse con ideas y de definir las prioridades y los adversarios.

La batalla principal no es interna, no es para imponer su proyecto político, económico o de cualquier tipo desde la izquierda al resto de la izquierda. La batalla principal sigue siendo entre el cambio y la conservación, entre la izquierda y las fuerzas tradicionales. Y la batalla principal se sigue librando en la opinión, el entusiasmo y el compromiso de la gente, de los uruguayos. No dentro de dos años y medio, ¡ahora!. ''Resignarse equivale a traicionar''

(*) Periodista. Coordinador de Bitácora. Uruguay
Articulo de Bitácora JUEVES 4 DE OCTUBRE DE 2007 - AÑO VI - Nº 242