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ENTREVISTA: MARGARITA PERCOVICH (SENADORA DEL FRENTE AMPLIO)

"No es aborto sí, aborto no, sino qué derechos tienen las parejas o las mujeres para decidir sobre su sexualidad"

La senadora Margarita Percovich, de la Vertiente Artiguista, es una legisladora de larga trayectoria y bien ganado prestigio. Aquí sus opiniones despejan muchas dudas sobre el aborto, la equidad, la reforma de la salud y la reforma tributaria.

ANTONIO PIPPO

    

­Senadora, comencemos por un tema que sé le es muy caro, la equidad de género. Y le transmito lo que me parece una impresión de la gente común: todavía hay mucha distancia entre teoría y realidad. ¿La comparte?

­Nos falta, como nos falta en muchas otras cosas que implican un cambio cultural. Esto es un proceso largo que tiene que hacer la sociedad uruguaya. El cambio empezó, yo diría, fundamentalmente, a partir de la recuperación democrática. Es un debate que se dio desde las primeras sufragistas uruguayas, las mujeres que lucharon por la igualdad; nosotros somos simplemente herederas de esos esfuerzos pioneros. Pero como inserción en la cultura uruguaya, y desde las propias mujeres, no solamente de los sectores medios sino de los sectores populares, es una apropiación que se viene haciendo desde la recuperación democrática. Me parece que hay mucho más ganado en las propias mujeres, organizadas a nivel social, de trabajo, de las escuelas rurales, de los proyectos y programas de los sectores más desposeídos, que en la incorporación real en las políticas públicas, que implica un cambio de actores del propio Estado. Esto empezó con gobiernos anteriores, pero, en realidad, como voluntad específica puesta en un programa, es esta administración progresista la que comenzó a aplicar políticas públicas transversales en todo el Estado. Eso requiere un cambio de cabeza en los jueces, en los policías, en los equipos de salud, en los docentes, en el trabajo. No es fácil.

­Mencionó a los docentes. Como se trata de un tema cultural, la pregunta ­quizás por ignorancia mía acerca de algo que ya está­ es: ¿este tema se ha previsto en las futuras currículas? Sería fundamental empezar a sembrar conciencia desde las edades más tempranas.

­Ya está incorporado por algunos agentes en el Codicen, desde legislaturas anteriores. De todas maneras, ha quedado un poco a la voluntad de cada docente que lo trabaje. Me consta que muchos lo han hecho, aunque más bien a título individual. En este período, el Codicen incorpora la equidad de género dentro del tema de los derechos humanos, que es lo que importa más. Las mujeres somos sujetos de derecho. Nos hemos convertido en ello en un proceso social que universalmente hoy se reconoce a través de Naciones Unidas. Hay una materia que se está incorporando en Secundaria y en Primaria: se trata de lo que para nosotros era la Educación Cívica, y que ahora es Educación Ciudadana, una formación en derechos y deberes para todos. Me parece muy importante recuperar eso, porque se había perdido el reconocer en el otro o la otra a alguien con quien hay que tener una relación de igualdad, de respeto. Y bueno, ahí se incorpora la equidad para aceptar a los diversos.

También es importante implementar desde Primaria la educación para la sexualidad responsable, porque se van a incorporar las diferencias y por lo tanto la visión del otro o la otra como un diferente que tiene sus derechos y hay que respetarlos. También está el tema de la violencia doméstica, para lo cual ya hay protocolos a nivel de los equipos de salud y se ha instalado la Comisión para el Seguimiento de la Violencia Doméstica en la enseñanza. Los policías, por ejemplo, ahora estudian derechos humanos, se tienen que capacitar en estos temas. Claro, hay toda una cultura muy autoritaria, jerárquica, machista, patriarcal en las Fuerzas Armadas, en la misma Policía, porque culturalmente todavía son organismos muy autoritarios; de todos modos, están reflexionando y ahora se integran mujeres a esos organismos. Y las mujeres reclaman si hay acoso sexual, si hay violencia o si hay discriminación. La sociedad está cambiando. Son como grandes bases que se han echado y que me ponen muy contenta. Es cierto: son bastante invisibles porque empiezan a procesarse en la cabeza de cada uno. Pero hay resultados.

­Le iba a preguntar sobre la violencia doméstica, aunque usted se adelantó. Igual le consulto: hablando precisamente de visibilidad, la violencia doméstica la tiene y mucha cuando se informa de hechos dramáticos o trágicos. Eso puede generar la imagen de que no se está haciendo lo suficiente, o puede opacar los avances que sí se han hecho.

­Se ha avanzado mucho, sobre todo, también a partir de la recuperación democrática, en el crecimiento en ciudadanía. Las mujeres de todos los sectores sociales están enfrentando mejor esto... Porque, mire, la violencia doméstica atraviesa todos los sectores y ahí hay un problema. Los hechos a veces se ocultan debido a que ocurren entre dos personas que generalmente tienen afecto. Entonces la persona que la sufre aguanta y aguanta hasta que no puede más o tiene una posibilidad de denunciarla. Y creo que es en el manejo de esto donde hay un crecimiento. Y se ha logrado a partir de las propias mujeres, que han dado el salto, aunque todavía son una minoría en relación a las que sufren la violencia doméstica, al igual que los niños o adolescentes. No es fácil hacer la denuncia, pero cuando se logra hay un proceso de crecimiento como persona, desarrollando la propia autoestima, que ayuda a que la sociedad mejore y empiece a valorar de otro modo estas situaciones. Más allá de casos que aparecen en los diarios o la televisión, lo que importa es que hay respuestas para que las personas no queden convertidas en víctimas, sino que crezcan. E incluso para que el agresor tenga alternativas de tratamiento y de repensarse en su agresividad. Es una de las cosas más importantes cuando estamos construyendo una sociedad que quiere ser igualitaria y que tiene que romper los empujes más duros de las inequidades.

­Hay otro tema, vinculado a todo esto, acerca del cual la ciudadanía tiene incertidumbre. Tuvo un gran empuje y después entró como en un cono de sombra, a partir de que se conociera la voluntad del presidente Vázquez de ejercer el veto. Me refiero al proyecto de salud reproductiva, mal llamado de despenalización del aborto.

­Es un tema que se ha trabajado muy bien en este período legislativo. En primer lugar porque nosotras, las legisladoras, y también algunos legisladores, estábamos decididas a presentar nuevamente el proyecto y lo pensamos desde la globalidad, o sea desde los derechos sexuales y reproductivos de las personas. Seamos claros: este gobierno tiene un compromiso programático de atravesar todas sus políticas públicas en la perspectiva de los derechos humanos. Los derechos sexuales y reproductivos forman parte de los derechos humanos, por tanto son indivisibles de éstos. Es así desde la Convención de Viena sobre Derechos Humanos, cuando se incorporaron los derechos de las personas de ejercer su sexualidad plena y la responsabilidad del Estado de darles todas las garantías, con libertad y responsabilidad. Pensamos que debíamos tomar justamente esa perspectiva para incluir, desde las responsabilidades que tiene el Estado para ese ejercicio libre e informado de la sexualidad, un punto que es la posibilidad de interrumpir un embarazo dentro de determinadas condiciones. Así hemos trabajado el proyecto: cuáles son las responsabilidades del Estado y cuáles son los principios éticos sobre los cuales tiene que trabajar, tanto del lado de la educación como del lado de la salud. Dentro de eso se establece la parte legal con la modificación que implica la legalización de la interrupción del embarazo. Este año, como teníamos tantos proyectos de grandes reformas, no quisimos incluirlo en la agenda de la Comisión de Salud del Senado. Pero pensamos presentarlo en 2007. Y estamos trabajando con las políticas que el propio Estado tiene que desarrollar al respecto. En ese sentido hemos concretado un plan de educación para la sexualidad, y hemos logrado incorporar las guías para que los equipos técnicos de salud trabajen en el tema de la sexualidad con todos los usuarios de sus servicios. Yo estoy muy conforme con esta administración de Salud Pública, que implementó algo que había iniciado la anterior, que es la distribución masiva, en las farmacias de todos los hospitales y centros de salud, de todos los métodos anticonceptivos. O sea, cualquier mujer, o un hombre, pueden reclamar un anticonceptivo en cualquier parte del país para cumplir con el derecho de regular la cantidad de hijos que quieren o de ejercer la sexualidad sin reproducirse. Entre la formación de los equipos de salud y la sensibilidad a los métodos anticonceptivos, nos parece que también estamos cumpliendo con el objetivo, eliminando algunos tabúes y mitos que tienen las estructuras del Estado. Por ejemplo, que para que una mujer se ligara las trompas había que tener el consentimiento del marido o compañero. Todas esas cosas las hemos ido civilizando y el ministerio las ha ido asumiendo de una forma que nos parece muy clara.

­Sí, todo eso es objetivo, pero permítame entrar al marco jurídico para la interrupción del embarazo. Si el proyecto ingresa incluyéndolo, supongo que ustedes habrán hecho una valoración de lo que puede ocurrir si el presidente lo veta.

­Bueno, somos legisladores y tenemos una obligación con la gente que nos votó y con el programa que desarrollamos y cuyo cumplimiento nos reclaman. A mí, como legisladora frenteamplista, a lo largo y ancho del país me han estado reclamando este proyecto y lo hemos ido a discutir a todas partes. Ojo: no es aborto sí, aborto no, sino qué derechos tienen las parejas o las mujeres para decidir sobre su sexualidad. Lo trataremos, veremos su evolución. Tenemos la certeza de que, por lo menos en la bancada de senadores, ha habido una evolución. Veremos qué pasa, pero nosotros queremos que el proyecto se trate, se discuta en la Comisión, que venga todo el mundo a dar su opinión y que se expresen los legisladores.

­¿Pero usted cree que si sale y hay veto...?

­Yo no creo eso. Yo conozco al doctor Vázquez y me parece que, si esto se aprueba con los votos de su bancada, no creo que plantee un veto. Lo digo honestamente como legisladora que ha trabajado mucho tiempo a su lado, fui su compañera en la Mesa Política y sé que es muy respetuoso de las decisiones que tome el Parlamento. No creo que la vete. Pero todavía tenemos que recorrer un camino previo, a ver cuánto el sistema político, que en estos temas a veces está muy alejado, avanza al respecto.

­Ya que mencionamos normas para la salud reproductiva, creo que lo que se logre con la reforma de la salud puede incidir mucho en ese proyecto. ¿Está de acuerdo?

­Todos estos temas que tienen que ver con derechos tienen que ver con la atención primaria, con la prevención. Por tanto, el esfuerzo que pueda hacerse en la salud, que también es un esfuerzo cultural, de pasar de un sistema medicalizado, de ir a atendernos cuando nos enfermamos, de no pensar en la prevención, está absolutamente unido con respetar nuestro cuerpo, pensar que en ese sentido tenemos derechos y quererlo y prevenir para no agredirlo. Es un desafío muy grande de cambiar las lógicas de todo el sistema de salud, la parte pública y la parte privada, y en eso se está. Tiene mucho que ver con la educación; me he peleado bastante con la incorporación de la expresión del cuerpo, del manejo del cuerpo. No es solamente educación física y deporte. Va a venir una ley de educación física y me voy a pelear para cambiarle el nombre. Es la formación del cuerpo y su expresión como una forma de salud, pero los uruguayos no estamos educados en eso. Entonces la prevención y las reformas de la salud tienen que ver con eso. Implica reformas estructurales. Por ejemplo, este primer fondo que votamos en el Senado y se votará en Diputados, que promueve la igualdad en el reparto de los aportes de acuerdo a lo que cada uno gasta en salud... Vea, las mujeres gastamos más porque tenemos hijos. ¡Esa es una gran discusión! Tenemos la culpa de tener hijos y por eso somos más caras. Pero, bueno, ¿qué prestaciones se van a pagar dentro de la salud que tengan que ver con los derechos de la gente? ¿Las mujeres vamos a seguir pagando más por tener hijos? Entonces las uruguayas educadas, que trabajan y que son las que podrían tener más hijos, no los tienen porque les impiden seguir trabajando, o mantener su trabajo, o a las jóvenes les impiden seguir con su proyecto educativo. O sea, hay temas de discusión muy profundos, que no son solamente los fondos que vamos a tener para distribuir o la descentralización de Asse.

­La reforma de la salud fue planteada como una de los grandes cambios estructurales. Pasó 2006 y no pudo concretarse, al menos globalmente. ¿Está previsto darle forma definitiva este año?

­Sí, aunque es un tema muy complejo. Yo creo que este año habrá muchas más concreciones. El 2005 fue sentarse dentro del Estado y ver cómo estaba; el 2006 fue empezar a pensar, con ese diagnóstico, cómo hacer la mayor cantidad de reformas. La reforma de la salud no se podía hacer alejada de la reforma tributaria. Eso nos quedó claro a todos. El equipo económico, que es muy solvente, que no anda volando por ahí, definió concretamente las etapas de la reforma de la salud: la creación de un primer fondo, Fonasa, que es el más chico; el diseño del fondo más grande, con el cual se completa la financiación; después vendrá el proyecto general de estructura y ya está la descentralización de Asse, que es un paso organizativo para dar fuerza a una salud pública absolutamente debilitada. Uniendo todos los temas, yo digo que tenemos entre manos actores que sobrellevaron los desórdenes de nuestro Estado y que, en muchos casos, han acompañado las reformas al menos en su teoría.

Pero cuando se hacen reformas a fondo se mete el bisturí, se tocan intereses del status quo establecido que encierra muchas inequidades. El Uruguay es un país que tiene muy poca gente con mucha plata y mucha gente con ingresos que en el resto del mundo son medios y acá un poco mayores, mientras la gran mayoría de los ciudadanos percibe muchísimo menos. Los que tenemos ingresos un poco mayores nos consideramos clase media. Y la clase media acá va a tener que resignar algo esos privilegios que tuvo siempre, para que los que tienen menos puedan acceder a, por ejemplo, una atención digna de la salud.

Algunos funcionarios del Estado, que tuvieron el privilegio de un servicio de salud propio, porque precisamente trabajaban en una empresa estatal que lo logró porque hizo un lobby importante, bueno, van a perder eso para que otros accedan a la atención de la salud.

­Hablando de la reforma tributaria, ¿usted advierte que puede haber alguna consecuencia política, dependiendo de si todo sale como lo ha previsto el equipo económico o no? Porque está bien eso de la clase media, pero dentro de la así llamada hay gente que hoy percibe salarios que sólo permiten sobrevivir con mínima dignidad. ¿Qué pasa si el líquido que recibe toda esa gente disminuye más de lo previsto por aplicación de la reforma?

­Lo voy a decir de este modo: yo creo que las reformas que estamos haciendo van a tener muchos ajustes. Seguramente. Porque recién las estamos implementando sobre bases que no teníamos y que, en parte, seguimos sin tener. Por ejemplo, la reforma tributaria necesita datos y se genera con una gran falta de datos. Y, justamente, el empezar a aplicarla es para tener una cantidad de datos.

­Es decir que puede haber correcciones...

­Seguramente vamos a hacer una segunda reforma tributaria, como vamos a hacer modificaciones al nuevo sistema de salud y a las otras grandes reformas.

­Usted lo dice de un modo muy directo y convencido, bastante diferente al empleado por el ministro Astori cuando se le ha preguntado acerca de lo mismo.

­Yo no sé qué ha dicho el ministro de Economía, pero, por favor, correcciones ha habido ya y habrá en el futuro.

Además, el propio equipo económico nos ha dicho: "Bueno, necesitamos implementarla lo antes posible para conocer los datos que nos faltan". Obviamente, después que se tenga esa información se producirán las modificaciones necesarias.

Yo quiero decir claramente esto: cuando uno se decide a hacer redistribución adentro de una sociedad, lograr un reparto más justo, siempre hay algún desacomodo, siempre hay daños colaterales.

Por otra parte, seamos realistas: en el Uruguay siempre ha habido un goteo natural desde los mayores hacia sus hijos y sus nietos, que es general.

Todos ayudamos a nuestros hijos y a nuestros nietos. Y eso porque hay todavía toda una generación de trabajo formal que se jubiló y sigue con el goteo. Hasta, si uno va a un asentamiento y ve la casa principal, aunque sea elemental, improvisada, al lado va a ver la casita de los hijos o de los nietos. Por tanto, el traslado no es que se vaya a hacer ahora; siempre se ha hecho aunque quizás no de la forma más eficiente y equitativa.

Y ahora tal vez será un poco duro, para aquellos que siguen manteniendo a otra familia, hacer un aporte más grande para que la redistribución sea más justa con los que menos tienen. Estoy convencida.

Pero yo quiero que haya una redistribución a la uruguaya, dentro de nuestra pobreza, en un país que no es tan desigual como otros pero que tiene esa desigualdad intrínseca de algunos que pudimos tener trabajo formal, que tuvimos oportunidades o activos culturales, y que tal vez ocultamos una proporción aterradora de desigualdad por lo menos en los últimos veinte años. *

Fuente: La Republica .Martes, 02 de enero, 2007 - AÑO 8 - Nº2418

www.larepublica.com.uy

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